sábado, 4 de mayo de 2013


Los linyeras, los locos y el PRO

Por Sandra Russo
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Linyeras y locos. Lo más deshilachado de lo más delgado del hilo. Justo ahí. Gente sin soga, sin ancla, con fracturas expuestas. La debilidad encarnada en los sin techo y en los sin cordura. De los perdedores, los más perdedores. Contra ellos se dirigió, literalmente, en diferentes formas pero exhibiendo la misma marca, la violencia del PRO. Primero y por cuenta de un ministro de Macri, contra los pobres en situación de calle que sacaba a patadas, de noche, la UCEP (Unidad de Control del Espacio Público), disuelta por orden judicial. Aquella vez también lo negaron hasta las últimas instancias. Ahora el Borda.
Hay algo de alienación en el discurso defensivo de los miembros del PRO y en el de su referente. Están plastificados, pero no solamente ante las acusaciones, en este caso de toda la oposición. Lo más terrible es que parecen plastificados ante el sufrimiento ajeno. No saben, no contestan. Parece que nada del otro les duele. Están sellados en su falsete, que propone en una de las caras de su moneda recoger los papelitos y tirarlos en los cestos para que la Ciudad esté más bonita y las sombrillitas y las bicicletas luzcan mejor, y en la otra de sus caras, la nocturna, en su lado oscuro, en su metodología inconfesable, propone negarles toda dignidad a los más hundidos, tirarles los perros, mandarlos a fajar. Escuchando a los funcionarios del PRO desde el viernes pasado, cuando la Metropolitana entró al Borda tirando a mansalva contra todos los que se le pusieran delante, es asombroso cómo fue aflorando, de boca en boca, disciplinada y tensamente, la increíble versión de los hechos con la que volvieron a sacudirse la responsabilidad de sus propias políticas. El cuento pueril, vergonzoso de que “un grupo de violentos” atacó a los policías, quienes “se defendieron”, se dio de obvias patadas con la realidad que era observable en las filmaciones de todos los canales. Los palos y las balas cayeron indiscriminadamente también sobre la prensa, sin distinción de línea editorial, en un acto de barbarie sobre el que la SIP quedó debiendo su reproche. A las patronales representadas en la SIP le importan más los gobiernos con los que ellas mismas hacen sus negocios que sus propios trabajadores, como siempre, como en todas partes, como sucede cada vez que una institución como ésa se monta sobre una falsa bandera para enarbolar simples intereses económicos.
Es muy fácil y no serán los primeros, para los funcionarios del PRO y su policía “de cercanía a la gente”, generar “un grupo de violentos” que le tiren piedras a la policía. Basta llegar por sorpresa y tender un vallado humano y armado hasta los dientes, tirar gas pimienta, apuntar, tirar y moler a palos a trabajadores, cronistas y pacientes, para que las piedras vuelen por el aire. Quizá supongan que los reprimidos deben poner la otra mejilla, pero no, la mayoría puso las espaldas: los perdigonazos por la espalda a quienes protestaban pintan de cuerpo entero la política de seguridad del PRO, digan lo que digan sus portavoces. Pero el discurso PRO, preformateado y repetido hasta la insistencia exasperante, volvió a victimizarse: es el único reflejo que tienen bien aceitado. La Metropolitana fue defendida por los funcionarios con lo que ella misma generó, la reacción a la agresión. Aquí tienen su versión, que será la que usen de ahora en adelante, esa simplificación aviesa que pone a los metropolitanos en el papel de servidores públicos maltratados por revoltosos, como si fuéramos todos estúpidos, como si no tuviéramos discernimiento, ni ojos ni voz. La mala espina fue tal, que el ministro Montenegro llegó a usar las disculpas caballerescas que ofreció el fotógrafo de Clarín, Pepe Mateos, al policía que lo había sacudido y al que él había insultado, para ejemplificar el ridículo “mea culpa” de una víctima. No sólo niegan lo que hacen, sino que lo niegan pidiendo “diálogo”. ¿A qué le llaman “diálogo”? A que la Presidenta reciba a Macri. Stop.
Lo asombroso es que funcionarios y militantes del PRO pretendan darle verosimilitud al cuento e insistir con él como si respondiera a algún leal saber y entender, cuando es fruto evidente de pura especulación discursiva y de una cobardía política con muy pocos antecedentes en la historia reciente: la insistencia en la “defensa propia” es pura ideología, pura máscara para alimentar un cuento mayor, el eterno y triste cuento de que acá lo que hace falta es mano dura, aunque la escena haya alcanzado un cenit de patetismo, toda vez que esa mano dura fue aplicada entre otros contra la franja más delgada en materia de derechos: los locos del Borda no tienen en muchos casos ni familia que los reclame o que proteste por ellos.
Hemos visto decenas de veces las escenas que los funcionarios y militantes del PRO se niegan a admitir. ¿Qué más hay que ver? ¿Qué más hay que saber? Y ni una mueca, ni un atisbo, ni una pizca de ánimo de piedad en ninguno de ellos. “Que la Justicia investigue”, se limitan a decir en sus esfuerzos corales. ¿Quién hay más débil y más expuesto que esos internos cuya existencia y localización obstaculiza los proyectos inmobiliarios del PRO? En la interpelación a Montenegro hubo que escuchar hasta que Macri quiere hacerse las oficinas en esos terrenos porque quiere estar cerca de los locos y locas de los neuropsiquiátricos. Uno debería nacer de nuevo para creérselo.
Hace dos años los funcionarios de Macri esgrimían cuestiones parecidas cuando las patotas de la UCEP recorrían las calles de madrugada para echar a patadas a la gente en situación de calle, quemándoles sus colchones y dándoles palizas si se resistían. El jefe de Gobierno está procesado por eso, puntualmente por diecisiete casos de maltrato nocturno –entre ellos, el de una mujer embarazada que debió abortar por los golpes recibidos–, ataques organizados y en su momento también negados por los funcionarios del PRO, un partido que sigue siendo definido por sus miembros como “ni de derecha ni de izquierda; el que quiera venir, suma”. Que uno sepa, las políticas a repetición contra los débiles es derecha, pura derecha, rancia derecha, y punto.

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domingo, 28 de abril de 2013


Elogio del señor Mauricio Macri

Por Mempo Giardinelli
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Este artículo conlleva una implacable paradoja: por un lado y ante todo, la condena más enérgica al uso de la fuerza bruta policial en el Hospital Borda, donde se evidenció el neomenemismo del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en su afán destructor de edificios históricos en aras de presumibles, repudiables negocios inmobiliarios.
Por el otro, una inesperada, sorprendente declaración del jefe de Gobierno porteño, que esta semana dijo que con una nueva conformación del Congreso, cuando sean mayoría los que hoy son opositores, promoverá la anulación de la reforma judicial que se ha aprobado.
Y en eso tiene razón; es lo mejor que ha dicho jamás.
Parto de la base de que al Sr. Mauricio Macri yo no le creo nada. Por sus dislates, su pobreza conceptual, su estilo cheto y su repetición de clichés y lugares comunes, incapaz como es de tener ideas propias. Y también por su manía de zafar siempre, su evidente haraganería y su reiterada ausencia cuando hay desastres que afectan a la ciudadanía.
No me gustan sus furcios cuando en realidad no sabe qué decir, como tampoco me gustan su concepción educativa si es que la tiene, su política dizque cultural, su desprecio clasista hacia los pobres y marginados, sus bicisendas, el desastre ecológico que está haciendo con la destrucción de la Avenida 9 de Julio, los presumibles negociados como esas bicicletas que compró carísimas y ahora privatizará, sospecho, para favorecer a algunos de sus amigos, e incluso algunas oscuridades de su pasado como las exportaciones truchas de autos al Uruguay. Y por supuesto detesto su vocación autoritaria, como ya se vio varias veces y ahora con la feroz represión que ordenó en el Borda.
Y sin embargo, ese mismo Sr. Macri anunció esta semana que cuando él y su partido tengan mayoría en el Congreso impulsará la anulación de la reforma judicial que acaba de sancionar el Congreso.
Que es exactamente lo que se espera de un demócrata y por eso este elogio.
Esperé dos días a ver si leía su desmentida, pero no. Lo dijo nomás. Lo que indica que lo cree.
O que no se dio cuenta de lo que dijo.
Pero bueno, en cualquier caso en esto le cabe un reconocimiento. Porque lo que dijo es lo que debe decir un político de oposición serio: que va a esperar a ganar las elecciones y entonces cambiar las leyes por las vías que ordena la Constitución. Perfecto.
Corresponde entonces tomarle la palabra en este punto al Sr. Macri. Yo por lo menos se la tomo a la luz del mamarracho político que vemos a diario, en el que sobresalen discursos y modos incendiarios en boca de los señores Moyano o De la Sota, Miceli o Venegas, Aguad o Carrió, Sanz o Buzzi y tantos más, por citar sólo algunos, y desde luego todos siguiendo a coro la mentirosa y agresiva prédica antidemocrática del diario La Nación.
A la vista de esos discursos pletóricos de odio de clase y desprecio por la verdad y las libertades que dicen defender, y a pesar incluso del uso brutal de su Policía Metropolitana, este enunciado del Sr. Macri merece un reconocimiento. Porque cuando parece que todos y todas en la oposición sólo quieren cosas horribles y antidemocráticas, y arrastran incluso a los más moderados, como Ricardo Alfonsín, y a los más confusos como Hermes Binner, a mí me parece que cabe este elogio.
Porque esa oposición ciega, suicida e inconscientemente antinacional, que judicializa, cacerolea e insulta con tal de ganar centimiles en los diarios que los incitan a odiar militantemente, demuestra a diario ser incapaz de palabras sensatas como las que ha dicho, inesperadamente, este Sr. Macri.
Que al menos en esta ocasión, y acaso sin saber lo que decía, ha dicho lo que debe decir un demócrata. Textualmente: “Revertiremos en el futuro con otro Congreso esta reforma que va en contra de la gente”. Lo que, traducido, significa que ahora se la banca y que en todo caso, cuando le llegue el turno, si es que le llega, se ocupará de proponer otras leyes con los cambios que considere necesarios. Como debe ser.
Por eso este elogio al político conceptual e ideológicamente más pobre de la Argentina.
Porque, asombrosamente, y aunque él mismo fue quien después ordenó la represión, con esto le tapó la boca a los odiadores seriales en que se han convertido la mayoría de los políticos de este país.
Vaya ahora Macri y gane las elecciones, si puede. Y si logra una nueva conformación del Congreso, con mayoría propia, promueva la anulación de esta reforma judicial, si puede. Así se hace en democracia: con leyes, no con palos ni artilugios.

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miércoles, 17 de abril de 2013

Problemas de infraestructura y falta de profesionales en Cesac porteños



Falencias en centros de salud

Un relevamiento realizado por un legislador arrojó que el nivel de atención primaria de salud está afectado por “fallas edilicias, falta de equipamiento y carencia de profesionales”. Advierte sobre la caída en la inversión en salud.

Por Eduardo Videla
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Al Cesac de Soldati, en Roca y Mariano Acosta, uno de los que atiende más gente, le faltan consultorios.
Problemas de infraestructura y falta de designación de profesionales son los principales problemas en los Centros de Salud y Acción Comunitaria (Cesac) porteños, de acuerdo con un relevamiento realizado por un legislador porteño. “Hemos detectado fallas edilicias, como en el Cesac de Almagro; falta de equipamiento, como en el de Parque de los Patricios, o carencia de profesionales; además de que en muchos de ellos se atiende solo por la mañana”, dijo a Página/12 el diputado Edgardo Form (Nuevo Encuentro). “Con estas limitaciones –agregó– no pueden cumplir con su función de trabajar en la atención primaria de la salud, elaborar diagnósticos y hacer derivaciones a los hospitales.”
El legislador advirtió sobre la baja en la inversión en materia de salud, que cayó del 21,6 al 20,9 por ciento del presupuesto de la Ciudad, pero sobre todo en infraestructura, donde se registró “una caída del 15 por ciento en términos nominales, en un año” (ver recuadro).
El sistema de salud de la Ciudad está integrado por 33 hospitales y 45 Centros de Salud y Acción Comunitaria. Hay barrios como Villa Lugano, donde hay ocho centros, pero otros, como Boedo o Constitución, donde no hay ninguno. “Un caso paradigmático es el de la ex Liga Israelita contra la Tuberculosis, cuyo edificio desactivado fue expropiado por la Legislatura para destinarlo a un Centro de Salud, pero el gobierno de Mauricio Macri no lo hace efectivo”, lamentó Form. “Ese es un ejemplo del interés que tiene el gobierno por la salud pública”, agregó.
El legislador recordó que “en materia de infraestructura hospitalaria, la Auditoría de la Ciudad calificó el equipamiento como ‘obsoleto’ y con ‘dificultades en el mantenimiento’ y hay aparatología en estado crítico o carencia de elementos, tales como laparoscopios, tomógrafos, monitores fetales en obstetricia y ecógrafos”. Advirtió además que “otro gran déficit es el número de enfermeros, tanto para cubrir las necesidades hospitalarias como en los Cesac: algunos estudios calculan la carencia en más de cuatro mil enfermeros, pero el número podría ser mucho mayor”.
Una recorrida realizada por Form y sus asesores por los Centros de Salud permitió hacer un relevamiento de la situación, plasmado en el siguiente informe, al que accedió Página/12:
- Cesac NO 39 (24 de Noviembre 1679, Parque de los Patricios): No tiene nombramiento de odontopediatra; no hay trabajo específico en prevención de adicciones. En este Cesac, que se equipó con fondos del Banco Mundial hace cinco años, hay insuficientes materiales descartables para odontología; tampoco tiene habilitación para instalar equipos para radiografías odontológicas y hay una demanda insatisfecha en psicopedagogía y fonoaudiología, que sólo atienden una vez por semana. El edificio tiene fallas estructurales: hay filtraciones cada vez que llueve y los consultorios se inundan.
- Cesac NO 30 (Amancio Alcorta e Iguazú, Barracas): No cuenta con un profesional farmacéutico, sólo tiene medicación pediátrica respiratoria y derivan al Cesac N 1 para acceder a otra medicación. No hay atención por la tarde. No tienen consejerías en salud sexual y reproductiva. No hay odontología. La población usuaria proviene mayormente del barrio Zavaleta.
- Cesac NO 6 (Mariano Acosta y Roca, Villa Soldati): Tienen problemas con el espacio físico: le faltan consultorios. Según los trabajadores de la salud, es uno de los Cesac que atiende más gente. Hay faltante de farmacéuticos (no hay por la tarde). La población usuaria pertenece al barrio Fátima y Villa Soldati.
- Cesac N° 38 (Medrano 350, Almagro): Está en obras y en litigio por los pisos superiores, que serían destinados a dependencias judiciales. Su funcionamiento es reducido por la falta de consultorios en condiciones y las carencias de personal especializado.
- Cesac N° 23 (Querandíes 4290, Almagro): Funcionaba en el IMPA, una fábrica recuperada, pero está cerrado desde hace meses. Se realizaron obras de infraestructura pero no reabrió sus puertas.
- Vecinos de la Comuna 5, además, solicitan la apertura de un Cesac en el barrio de Boedo, ya que dicha comuna no cuenta con un hospital dentro del área geográfica de referencia. O sea, una necesidad no satisfecha.
Para reforzar el rol de los Centros de Salud –opinó Form– “se le debe dar injerencia a las comunas, de manera de acercar el gobierno a la ciudadanía y también de democratizar el acceso a la salud”. En ese sentido, propuso que desde las comunas se impulse un relevamiento del estado sanitario de la población.
“El 80 por ciento de las enfermedades pueden ser evitables mediante la prevención o la atención médica en los centros de salud”, concluyó.

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martes, 16 de abril de 2013

MALVINAS, Daniel Filmus



Declaración de repudio a la decisión de lanzar misiles desde las Islas Malvinas

PROYECTO DE DECLARACION

EL H. SENADO DELA NACIÓN

DECLARA,


Su rechazo y condena a la decisión unilateral e ilegal del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, de realizar ejercicios militares en el territorio de las Islas Malvinas.
Este acto es una nueva violación de la soberanía argentina, y constituye un incumplimiento del gobierno británico a la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Dicha Resolución impone a la Argentina y al Reino Unido la obligación de abstenerse de adoptar decisiones unilaterales que innoven sobre la situación imperante en el Atlántico Sur. Decisiones que, además, son contrarias a la voluntad de los países de la región que han rechazado esos ejercicios militares a través de múltiples pronunciamientos del MERCOSUR, la UNASUR, por la Cumbre Iberoamericana, la Cumbre de Países Sudamericanos y Países Árabes (ASPA) y, recientemente, en la Reunión Ministerial de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, realizada en Montevideo en enero de 2013, que expresó su preocupación ante el refuerzo de la presencia militar británica en el Atlántico Sur y el desarrollo de las ilegítimas actividades de exploración de hidrocarburos desarrolladas por el Reino Unido.

FUNDAMENTOS
Señor Presidente:
El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte  realizará entre los días 15 y 26 de abril del corriente, nuevos ejercicios militares en territorio argentino ocupado, incluyendo el lanzamiento de misiles  desde las Islas Malvinas.
Esta acción no sólo constituye una nueva muestra del desprecio del Reino Unido por las resoluciones de las Naciones Unidas, que llaman a ambas partes a reanudar las negociaciones de soberanía y a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales en la situación mientras persista la controversia, sino también una nueva provocación hacia la Argentina, que ha manifestado su vocación para encontrar una solución pacífica y definitiva a la disputa mediante negociaciones bilaterales con el Reino Unido, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas, de conformidad con el mandato de las Naciones Unidas.
La República Argentina condena, una vez más, la persistencia del Reino Unido en la realización de ejercicios militares en una región caracterizada por su vocación pacifista y que permanece libre de armas nucleares.
El Gobierno argentino ha expresado su mas formal y enérgica protesta ante la pretensión de realizar ese ejercicio militar y exige al Gobierno británico que se abstenga de llevarlo a cabo. A su vez rechaza la realización de dichos ejercicios por constituir una provocación inaceptable y susceptible de generar una carrera armamentista en la región que se contrapone totalmente a la política argentina de apego a la búsqueda de una solución pacífica de la controversia de conformidad con los llamamientos de la comunidad internacional.
Los organismos internacionales se han hecho eco de las reclamaciones argentinas. En efecto,la Asamblea General y el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas han reconocido reiteradamente la existencia de una disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, instando a sus únicas dos partes,la República Argentina y el Reino Unido, a reanudar, a la brevedad, las negociaciones bilaterales para encontrar una solución pacífica, justa y duradera a esta anacrónica disputa.
En este sentido, la realización de tales ejercicios se suman a la larga serie de acciones unilaterales que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte realiza en contravención dela Resolución 31/49 dela Asamblea General de las Naciones Unidas.
Señor Presidente, por lo expuesto, solicito me acompañen en la presente Declaración.

sábado, 13 de abril de 2013


Sobre los puntos y las íes

Por Mario Gustavo Costa *
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A toda conmoción social suele seguirle un período en el que tienden a decantar sus vibraciones, a generar reflexiones interpretativas y/o a formular pronósticos respecto de las consecuencias del episodio. El anuncio presidencial del envío al Congreso de proyectos para modificar –y mejorar en función de reclamos persistentes de muchos sectores sociales– los modos de actuación del Poder Judicial ha detonado previsibles reacciones corporativas de diverso cuño pero similar ideología, que alegan una defensa de la “independencia judicial” sobre bases muy alejadas de lo que esa expresión conlleva. Lo mismo ocurrió respecto del movimiento hacia una “Justicia legítima”, que en particular provocó la fantástica erupción concretada en las jornadas de la Biblioteca Nacional.
No pretendo, ni podría, examinar en profundidad el fenómeno al que asistimos y menos aún calibrar sus alcances, que por cierto auguran nuevas e importantes sacudidas. Me limitaré, así, a destacar algunas notas que estimo relevantes y tendientes a marcar la hipocresía que domina a esas críticas de quienes arguyen ser algo así como propietarios de aquella independencia. Y me referiré, específicamente, a quienes así parlotean desde el seno del sistema judicial (de un Servicio al que nunca asumen como tal). En cuanto al texto de los proyectos, que en su tono general apoyo con entusiasmo, la discusión en el seno de “Justicia legítima” permitirá emitir opiniones más precisas.
Parto de la modesta posición de un testigo autorizado. El mes próximo harán 50 años de mi ingreso al fuero en lo criminal y correccional de esta ciudad, a partir de lo cual recorrí la mayoría de los escalones posibles de la llamada “carrera judicial”, con el único intervalo de la última dictadura militar. E intento señalar datos, no hacer elaboraciones abstractas.
Una nota relevante, apuntada en aquellas jornadas, pasa por la “invisibilidad” para la opinión pública de muchísimos ámbitos judiciales, dado el predominio de lo penal en la difusión de esos temas. Deriva de la incidencia mediática que distorsiona, la ausencia de una comprensión social del funcionamiento judicial adecuada (para lo que también conspiran los modelos de enseñanza, sobre todo secundaria) y, también, las modalidades procesales que incluso en juicios donde se dirimen asuntos personalísimos no exigen la debida inmediación, el contacto directo, entre quienes tienen la responsabilidad de decidir con justicia y los que la reclaman.
Es difícil precisar en qué medida aquellos que trabajan dentro de esos espacios del sistema se prevalecen de tal opacidad, o lisa y llanamente no la advierten, pero es un problema ostensible (años ha conversábamos sobre el tema, referido al fuero comercial, con la actual Procuradora General y me acotaba “si no tratan con los ciudadanos, sólo con abogados más o menos especializados, mal pueden entender a la gente”). Varias de las voces que escuchamos en estas semanas lo han planteado apropiadamente.
Bienvenido el señalamiento. En 1988, por primera vez en su historia la tan meneada Asociación de Funcionarios y Magistrados de la Justicia Nacional admitió en su C. Directivo la participación plural (como fruto de una reforma estatutaria por la que veníamos bregando muchos desde 1984) y me cupo encabezar la representación minoritaria, pero nada proporcional (3 consejeros de 14, por entonces). Propusimos, de movida, la necesidad de saber “qué pensaba la gente sobre la Justicia y cómo le iba en sus relaciones con el Poder Judicial”, a través de una encuesta que no debía ser hecha “desde adentro” sino por terceros que pudiesen dar una visión razonablemente objetiva del asunto (v. gr.: la Facultad de C. Sociales UBA). La propuesta fue rechazada y aún hoy parece una asignatura pendiente.
Esa ausencia de identificación, la invisibilidad apuntada, abona o facilita la actuación judicial de imparcialidad aparente, técnica o más apropiadamente “boba”, como se la calificó con reiteración en los debates. Potencia, asimismo, la actitud de quienes se consideran miembros de un estamento privilegiado, la casta judicial que se distancia del ciudadano común y en la que arraigan como derivación directa prebendas y discriminaciones sobre las que se ha puesto énfasis en estos días. Un colega se preocupaba días pasados por tanta agitación, que podría asustar o ahuyentar a los “bienpensantes” (“biempensantes” para el Diccionario RAE); le retrucábamos que justamente esa expresión denomina a los que caben dentro de la masa impávida, acrítica, que actúa según “lo que siempre se hizo”, dócil con las jerarquías e inequitativa con los más débiles. Allí está, me parece, el meollo de la cuestión. No se trata, en suma, de convencer a los catecúmenos, sino de irradiar el mensaje de modo tal que penetre sobre los que se escudan tras esos velos.
Entre los ejemplos que procuro destacar, resulta afrentoso un aspecto defendido por muchos miembros de ese rebaño y casi desconocido por el común de la sociedad, esto es la extensión –interpretada judicialmente– de la garantía constitucional de intangibilidad de las remuneraciones de los magistrados... ¡a la tasa inflacionaria! Durante muchos años, y en pleno período democrático, cientos de jueces obtuvieron sumas siderales de actualización permanente de sueldos a espaldas del resto de sus conciudadanos; la promoción de esos juicios y hasta su patrocinio por estudios compuestos obviamente por ex magistrados provino de la misma Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional.
Esa práctica –inmoral desde mi punto de vista– de la “garantía contra la inflación” (famoso fallo “Bonorino Peró y otros”, replicado innúmeras veces), entiendo que ha perimido, pero no me extrañaría que por algún artilugio haya quienes sigan beneficiándose por esa vía.
Las sumas erogadas de manera tan inescrupulosa superan largamente, estimo, lo que la aplicación justa del Impuesto a las Ganancias importaría. Ese tema, por otro lado, pudo haberlo solucionado la Corte Suprema hace muchos años y desde un colectivo judicial (“Encuentro de Jueces”) se hicieron llegar ideas para ello. Valga recordar, también, que fue desde el mismo ámbito que 33 jueces promovimos entonces la publicidad de nuestras declaraciones juradas patrimoniales y que los mismos medios que en su momento cantaran loas hoy parecen gambetear el sentido de la excelente propuesta presidencial.
Ya en la década del ’80 algunos planteamos dentro de la Cámara Criminal y Correccional la necesidad de esas declaraciones juradas obligatorias y públicas; escuchamos entonces a jueces “independientes” sostener que ello implicaría “desconfiar de los jueces y éstos están por encima de toda sospecha” (sic).
No he visto en la discusión mediática alusiones a esas polémicas, como tampoco críticas a los magistrados o funcionarios que viajan por cuenta de entidades ligadas a intereses que se discuten ante sus estrados, a virtuales agencias de viajes conectadas con academias judiciales extranjeras que poco y nada tienen que ver con la tarea jurisdiccional y se prodigan a quienes participan de la manada, a los que almuerzan invitados por las armadoras navieras cuyos casos recalan en su fuero, a los torneos de golf –y alguna otra práctica– convocados durante horarios de atención judicial, etc.
Y, también, la tan frecuente práctica “imparcial” de entender al juicio como un partido de tenis o algo así, donde el juez sería un espectador que recién a las cansadas decide; las interminables prácticas dilatorias para no hacerse cargo de una causa o las todavía peores, de “borrarse” cuando la eventual decisión es de las que queman (acabo de leer el caso de un amparo en razón del peligro para la vida de una persona, en la que los jueces de un tribunal provincial se excusaron, potenciando ese riesgo, ¡porque la provincia les debe dinero!). De los entuertos que benefician a estudios “allegados” y situaciones parecidas existe suficiente conocimiento como para abundar.
Sí se escuchan críticas sofísticas a la iniciativa del ingreso por examen al Poder Judicial y los ministerios públicos, so capa de su necesidad de extenderlo a los otros poderes, de obvia conveniencia e inobjetable sin dudas pero que prescinde claramente de las razones que tornan prioritario lo que hoy se discute. La estructura esencial del sistema jurisdiccional se basa en magistrados vitalicios, a diferencia de los otros en los que la renovación es frecuente, por lo que el vicio del nepotismo no sólo es más grave sino mucho más difícil de erradicar y sus consecuencias se trasladan a todos los niveles de esa estructura. Más de un siglo de ese funcionamiento lo demuestra.
Recuérdese que en 1984 la Corte Suprema renovada por propuesta del presidente Alfonsín promovió la realización de concursos obligatorios para diversos cargos letrados, así como la impresionante resistencia de la gran mayoría de los jueces a seguir esa consigna que a la postre fue abolida. Se escuchó a diario, entonces, que “nadie mejor que un juez para elegir un colaborador”. El dedo, convertido en sabio examinador, con harta frecuencia recae en familiares, amigos y, sobre todo, personas con “padrinos”.
Paso ahora a puntos que guardan relación con mi condición de jubilado, que entiendo justifican la crítica que nos califica como privilegiados. Y, vale aclararlo, son los beneficios que propongo analizar los que sostienen la validez de esas críticas, no el monto que percibimos, por cierto importante.
Estimo que si la Ley 24.018 establece que los magistrados jubilados conservamos el “estado judicial” (fundamento de aquella remuneración) y podemos ser convocados a prestar servicios en las condiciones que allí se fijan (art. 16, inc. “a”), la situación del jubilado no puede diferir de la del magistrado en actividad; sin embargo, hay varias regulaciones que sí la diferencian y que deberían derogarse.
La primera, la regulación del inc. “b” del citado art. 16, según la cual si el cumplimiento de la carga de convocatoria dura más de un mes el haber respectivo se incrementa en un 33 por ciento, al igual que para quienes subrogan un cargo. Al margen de apuntar que ese incremento sólo se justifica –y así fue establecido en su momento– cuando un magistrado o funcionario cubre una sede “suplementaria”, es decir atiende más de una función en simultáneo, cabe subrayar que el jubilado al que se convoca para desempeñar una función no se encuentra en esa situación, por lo que es insostenible esa prebenda.
Es de pública notoriedad la corruptela a la que ha dado lugar ese beneficio; numerosos magistrados se han jubilado para ser convocados, de inmediato y sine die para cubrir el mismo cargo, cobrando durante largo tiempo ese 33 por ciento. Deberíamos poner fin a esa lacra.
El mismo art. 16, inc. “d”, declaraba la incompatibilidad del haber jubilatorio con el ejercicio del comercio, al igual que para quienes permanecen en actividad, pero ese óbice fue vetado (Dec. 2599/91) por sutil –o no tanto– presión de la AMyFJN, de lo que se derivó la posibilidad de ejercicio profesional conjunta con la percepción de la jubilación. No tengo muy claro el punto respecto de otras jurisdicciones, pero la única restricción que aparenta estar vigente es la fijada por el art. 9 de la Ley 23.187 (CPAbCF), que fija un impedimento por dos años desde la jubilación y sólo para el ejercicio en el mismo fuero (lo que además ha sido interpretado incluso desde un criterio territorial; v. gr.: el fuero Penal federal lo sería... sólo en el ámbito de la Cámara respectiva).
No sé, tampoco, porque he mantenido mi matrícula suspendida desde mi jubilación y sólo he escuchado comentarios, si a quien ejerce la profesión de abogado se le reducen los emolumentos jubilatorios (hay quienes hablan del rubro “bloqueo de título”, de relativamente escasa incidencia), pero parecería que ninguno de los que alegremente abogan se queja en ningún sentido.
La objeción al ejercicio profesional no la fundo sólo en los aspectos remuneratorios. Ninguno se engaña acerca de la competencia desleal que en muchos casos representa litigar contra profesionales que hacen gala de su “chapa” y, además, mantienen el estado judicial. A ello cabe añadir la obvia complicación que surge a la hora de pretender que quien tiene un estudio en pleno funcionamiento y actúa incluso en el mismo fuero sea convocado.
En suma, mucha tela para cortar... Las reflexiones y los datos podrían seguir, pero el espacio tiene un límite y prefiero imaginar que maestros como Juan Sasturain al leer el título señalarían más bien referirse a “puntos y bancas”, por lo que mi aspiración es que más pronto que tarde sean los ciudadanos “la banca” y no siga vigente la inversa.

* Juez de Cámara federal, jubilado.

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viernes, 12 de abril de 2013

Acerca de los discursos pronunciados por ruralistas en Santa Fe



Filmus: “Toda la sociedad debe condenar la prédica golpista de la Asamblea de la Mesa de Enlace”


El senador porteño por el Frente para la Victoria, Daniel Filmus, rechazó fuertemente los discursos de miembros de la Mesa de Enlace pronunciados en la Asamblea que se celebró en la Sociedad Rural santafesina, por considerarlos de “intenso tono golpista”.
“Todas las fuerzas políticas democráticas deben condenar unánimemente el llamamiento golpista de los productores agrícolas, quienes por defender sus intereses económicos convocaron a ’destituir y hacer desparecer a toda esta gente´, y sobre todo a los dirigentes nacionales de la Mesa de Enlace quienes escucharon en silencio la prédica de quienes pretenden atropellar la democracia y el gobierno elegido mayoritariamente por los argentinos”, advirtió el senador.
Filmus consideró “gravísimo que se esté dando lugar a discursos intolerantes y antidemocráticos como los que convocan a `sacar a patadas´ a un gobierno elegido libremente por el pueblo, y a la manifestación de propuestas como la de ‘no pagar ningún impuesto hasta junio para que el gobierno no pueda pagar los aguinaldos y se vaya de una buena vez’”.
Para el senador, “es sumamente preocupante la actitud de los dirigentes nacionales de la Mesa de Enlace, porque “al mismo tiempo que reclaman garantías constitucionales, calidad institucional y defensa de la Justicia,  no frenan a sus adherentes por el componente golpista que estaba tomando el debate ni les advierten que están instando a subvertir el orden democrático”.
“Los golpes de Estado nos costaron sufrimiento, muerte, exilio, destrucción de la economía, pobreza y desigualdad. Hoy por primera vez en la historia hay una continuidad democrática de 30 años, y debemos defenderla más que nunca. Por eso es necesario que toda la sociedad condene estas voces exaltadas que hasta con su lenguaje nos recuerdan la violencia de lo peor del terrorismo de Estado en la útlima dictadura militar”.

sábado, 6 de abril de 2013

TEMPORAL Y RESPONSABILIDADES POLÍTICAS


¿Inundado o hundido?

HERNÁN BRIENZA



La inundación en la Ciudad de Buenos Aires puso al 

descubierto, de modo trágico, la ineficiencia del macrismo en la 

gestión de los problemas en la capital argentina. Pero no solo 

en el sentido de lo que no se hizo sino, fundamentalmente, en la 

forma descuidada en la cual el Jefe de Gobierno se dirigió a los 

damnificados y la opinión pública.
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Y un día, un buen día, el relato macrista hizo agua por todos lados. Y no fue el Kirchnerismo el que desarticuló la construcción marketinera del Jefe de Gobierno porteño. Cayó por el propio peso de su ineficacia política –de acumulación de poder en la congruencia entre discurso y realidad- pero sobre todo por su ineficiencia en materia de gestión.

Evidentemente, el caudal de lluvia que cayó en la región bonaerense fue inusual: más de 160 milímetros en CABA, cuando la media es 70 mm por mes, aproximadamente. Por eso no son las causas de la inundación lo que vale la pena analizar en términos políticos, más allá de la imprevisión municipal y de las consecuencias de un negocio inmobiliario descontrolado. Son las respuestas políticas que dio el Jefe de Gobierno de la Ciudad tras la catástrofe.

La primera conferencia de prensa que ofreció el intendente fue deficiente desde todo punto de vista: se defendió absurdamente culpando al gobierno nacional, tiró la pelota afuera, se mostró distante, tenso, insensible, y, lo peor, quebró el contrato tácito que tenía con su propia clientela electoral: defraudó a quienes lo habían votado. El relato macrista hizo agua por distintos motivos: 1) prometía equipos técnicos preparados para gobernar la ciudad y no pudo paliar siquiera las inundaciones; 2) acusaba al gobierno nacional por falta de colaboración, pero quedó al desnudo que el propio Macri decidió gastar su presupuesto en el Metrobús y en carreras de autos antes que en la obras del arroyo Vega, por ejemplo; 3) mostró poca o nula sensibilidad como para recorrer los barrios que habían sufrido la inundación; y 4) en un canto a la discriminación a favor de los sectores enriquecidos prometió subsidios solo para aquellos que tuvieran los impuestos pagos, es decir, que para los sectores más pobres con dificultades económicas para pagar los siderales aumentos de ABL por ejemplo.
Inexplicable: Macri quiere subsidiar a los sectores más favorecidos económicamente y dejar sin subsidios a los más pobres.

Solo en el planeta Macri algo así puede ser pensado. Hundido.
"Hoy Mauricio Macri gira en falso con su discurso antipolítico. Intenta reproducirlo y no hacerse cargo de sus propias responsabilidades. Y resulta patético escucharlo vociferar con el agua al cuello."

La actitud de Macri quedó más destemplada aún en horas de la tarde cuando la Presidenta en persona decidió recorrer las zonas afectadas haciéndose presente tanto en La Plata como en los barrios afectados de la CABA. Podría no haberlo hecho. Podría haber especulado con dejar hundirse solos al gobernador Scioli o al intendente Bruera o Macri en sus propios lodazales. Sin embargo, decidió tener una actitud de contención política para con los damnificados. Y lo hizo, incluso, dejando de lado las diferencias circunstanciales con el mandatario provincial.

Pero los errores de Macri fueron un cine en continuado. No hubo autocrítica en ningún momento por los errores cometidos desde su gestión, tampoco sobre el desdén por las denuncias de los vecinos de Saavedra sobre las inundaciones producidas por el shopping DOT.

Hay tragedias naturales que pueden fortalecer políticamente a un dirigente o debilitarlo, según como actúe antes, durante y después de esa catástrofe. Incluso, hay crisis que ni siquiera las coberturas mediáticas pueden ocultar. El destrato de  Macri con su propia clientela quebró el contrato que había hecho con muchos porteños que hoy reclaman que se vaya desde un lugar visceral. Es la respuesta antipolítica que parte de los electores a un discurso antipolítico. 

Es decir, Mauricio Macri se cansó de tanto utilizar el discurso de la antipolítica. Sus argumentos eran que él no pertenecía a esa clase, que era empresario, que era nuevo, del lado de los vecinos y del hombre común, y le sirvieron para generar una empatía con un electorado que descree de la política y se refugia en una antipolítica de corte liberal libertario rayano a la falta de escrúpulos deloutsider. Pero hoy se relato se quebró: para los “vecinos” de Buenos Aires Macri pasó a formar parte de la clase política y cayó bajo el latiguillo de “son todos iguales de corruptos”, frasecilla histérica que sólo favorece a los intereses de los grupos económicos que devastan al Estado en contra, obviamente, de los ciudadanos.

Hoy Mauricio Macri gira en falso con su discurso antipolítico. Intenta reproducirlo y no hacerse cargo de sus propias responsabilidades. Y resulta patético escucharlo vociferar con el agua al cuello. Pero no está en esa situación porque el agua subió, está así, simplemente porque el hombre se hundió solito.   TELAM