jueves, 30 de agosto de 2012

Silencios y excesos en la confrontación política



Discutan ideas, construyan un proyecto político, pero dejen las agresiones, las mentiras, los agravios de lado.




Hace unos días el escritor Marcos Aguinis publicó una nota en el diario La Nación titulada "El veneno de la épica kirchnerista". La nota, desarrollada en un tono agraviante y ofensivo, pone en escena dos cuestiones muy preocupantes: por un lado, el silencio de las instituciones centrales de la comunidad judía y por otro, una oposición –en este caso con Aguinis como cabeza de proa– que traspasó la frontera de lo tolerable en el marco de la disputa política.
En su nota, Aguinis dijo: "Las fuerzas (¿paramilitares?) de Milagro Sala provocaron analogías con las Juventudes Hitlerianas. Estas últimas, sin embargo, por asesinas y despreciables que hayan sido, luchaban por un ideal absurdo pero ideal al fin, como la raza superior y otras locuras. Los actuales paramilitares kirchneristas, y La Cámpora, y El Evita, y Tupac Amaru, y otras fórmulas igualmente confusas, en cambio, han estructurado una corporación que milita para ganar un sueldo o sentirse poderosos o meter la mano en los bienes de la nación." ¿Está diciendo Aguinis que considera mejores a las Juventudes Hitlerianas que a las organizaciones políticas como las que menciona, porque las primeras al menos tendrían un ideal?
Hace no más que unos meses, en Página 12 salió publicada una caricatura de Gustavo Sala (titulada "Una aventura de David Gueto"), ante la cual se generó un profundo revuelo. La DAIA expresó su repudio a dicha publicación porque dijo: "Se banaliza al Holocausto." Si esa fue la respuesta en ese caso, ¿qué significa el silencio inicial en el que la DAIA, dirigida por Aldo Donzis, se mantuvo? ¿Cómo no repudiar al escritor Marcos Aguinis ante semejante agravio, en el que dice que los que mataron seis millones de judíos, homosexuales, gitanos, "tienen un ideal absurdo pero ideal al fin", y los compara con los jóvenes que militan en el marco de la democracia en distintas organizaciones?
La posterior tibia respuesta del presidente de la DAIA frente a la nota de Aguinis provocó incluso una tensión interna, que se hizo conocida cuando el secretario general de la DAIA, Fabián Galante, escribió una carta pública. En ella, condenó la decisión adoptada por Aldo Donzis, de negarse a responder la clara muestra de banalización del Holocausto formulada por Aguinis en La Nación.
La nota de Aguinis no solamente banaliza la Shoa sino que hasta de alguna manera pareciera comprender a los nazis: dice que son idealistas equivocados. Personalmente, no creo que Aguinis crea lo que dijo, sino que con tal de demonizar y estigmatizar a los jóvenes y a las organizaciones sociales que acompañan al gobierno que ganó con el 54% de los votos, es capaz de decir semejante barbaridad. 
En su artículo, Aguinis habló del odio del kirchnerismo, pero se desprende de cada una de sus palabras la famosa frase de Horacio, "Mutato nomine de te fabula narratur": cambia el nombre que la historia habla de tí.
Es evidente que Marcos Aguinis y una parte de la oposición respiran un odio sostenido; principalmente por la imposibilidad de construir un proyecto político alternativo. Parte de la oposición nos insulta, propone leyes que luego retira y desvaloriza cuando es el oficialismo el que las impulsa; contradicen sus propias banderas históricas, hacen alianzas que nunca se hubieran imaginado llevar adelante, arman campañas mediáticas y difamatorias sin ningún tipo de sustento. ¿Por qué no repudian los dichos de Aguinis? 
El silencio en el que se han refugiado también los hace cómplices de lo dicho. Pero hay límites que no se pueden pasar. El nivel de agresividad que presentan es altísimo y excesivo, y el artículo publicado en La Nación el pasado 21 de agosto pone en escena ambas cuestiones: la falta de un proyecto y de una agenda política propia de la oposición, junto al exceso y a la carencia de límites de los medios de comunicación que representan a los grupos concentrados en la confrontación con el gobierno.
Hacia el final de su nota, Aguinis escribió: "Es patético ver cómo gente grande aplaude y sonríe ante el mínimo gesto que se manda la presidenta mientras actúa por cadena nacional". ¿Qué significa esta irrespetuosa  frase  hacia la investidura presidencial? ¿No es acaso desprecio por el otro lo que se desprende de esta afirmación? ¿No puede pensar que quienes aplauden y sonríen es porque se sienten interpelados por este proyecto nacional?
El país "normal" con el cual Néstor Kirchner soñó necesita una oposición seria que no caiga tan bajo, que no genere declaraciones que ofenden al pueblo argentino y a la humanidad en general. Discutan ideas, construyan un proyecto político, pero dejen las agresiones, las mentiras, los agravios de lado. En definitiva, hagan política, que muy bien le hace al país cuando hay calidad en el debate y en la construcción de las diversas perspectivas que hacen a la democracia. 

TIEMPO ARGENTINO

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